domingo, 30 de julio de 2017

NECKAN... buscando los orígenes en Tetuán


El Grado 30 del Rito Escocés de la masonería es el de Caballero Kadosh en el que a la pregunta del oficiante de “¿Qué otro objetivo perseguís?”, el aspirante debe decir: “Venganza contra todos los tiranos temporales y espirituales, cuyos representantes son el Rey de Francia, Felipe el Hermoso, y el papa Clemente V”. Cada Grado tiene un “palabra sagrada”. La del Grado 30 es “Neckan” (o “Nekam”) que seguida por “Adonai” quiere decir “Venganza, Señor”. De ahí deriva el título de esta película que puede ser considerada como interesante por determinados conceptos.

Un joven abogado, hijo de una familia muy vinculada al régimen franquista (su padre ha sido ministro de Exteriores y en ese momento asesora al régimen en materia de relaciones internacionales, formando parte, por tanto, de la élite del stablishment político de la época) llega a Tetuán en 1956. Está buscando al último miembro de una familia que resultaría beneficiado por un testamento. Intuye que hay algo que no está claro a raíz de haber recibido una carta anónima. España está a punto de dar la independencia a Marruecos y nada va a ser como antes. 

El joven, sin mucha experiencia en estos temas, se encuentra con que el matrimonio y uno de los hijos de la familia que busca, murieron en el curso de un incendio (él mismo ve las tumbas). El padre de familia muerto era maestro y director del colegio, su esposa, árabe y judía. La casa en la que vivían fue requisada y puesta a la venta. Con estos datos, el joven no da por terminada su investigación. Sin embargo, una serie de casualidades y el encuentro con un extraño individuo, al parecer con opiniones muy radicales sobre la situación le da pistas para proseguir adelante y encontrarse con una realidad que no esperaba. La clave del misterio de lo que busca tuvo lugar el 17 de julio de 1936, justo en el momento en el que se producía la sublevación del ejército de África y comenzaba la guerra civil.

El título de la película tiene que ver, tanto con la aparición de la masonería en la búsqueda del joven abogado, como por la temática misma que ha desencadenado el guión: “Venganza”, “Neckan”. Porque tal es el trasfondo de la película: un resumen de lo que fue la guerra civil. Resumen reduccionista, hay que decirlo, en la que todo se reduce, como dice uno de los personajes, a “curas contra maestros”. Y vencieron los “maestros”. Cabe decir que la película está bien realizada, aceptablemente interpretada, con un casting particularmente cuidado y una ambientación rigurosa y detallista, un buen guión realizado por Gonzalo Tapia y Michel Gaztambide, sobre la base de una historia de Juan Ramón Ruiz e Iñaki González. Y, sin embargo, la película tiene algo que la rebaja y es, precisamente, ese reduccionismo del que hace gala en su enfoque histórica. La Guerra Civil fue algo más que “curas contra maestros” (o la Iglesia contra la Masonería), fue la monarquía contra la república, fue el fascismo y la derecha contra la izquierda y el bolchevismo, fue un conflicto nacional que no era más que el choque entre los dos grandes movimientos internacionales de la época. Ochenta años después, era tiempo más que suficiente como para pasar de lo superficial a una interpretación más profunda y objetiva.

Dejando aparte, este problema de enfoque, lo cierto es que la película discurre a buen ritmo y con un interés creciente que hace que estemos pendientes de la trama la hora y media que dura el filme. Se trata de una muestra de “género negro español” ambientado en los años 50 y que gana exotismo con su ubicación en Tetuán. La película ha sido dirigida por Gonzalo Tapia que en 2011 había elaborado el documental Las misiones pedagógicas de la II República Española. Hay que decir que Gonzalo Tapia consta como presidente de la Federación Española del Derecho Humano, la rama más progresista de la masonería y, a partir de este dato, puede entenderse mejor el tono de la película e incluso lo interesado de su reduccionismo.

El peso de la interpretación recae especialmente en Pablo Rivero y subsidiariamente en Hermann Bonnin, con muy buenas actuaciones por parte de Manuel Manquiña (como ex combatiente de la División Azul) y del resto de secundarios. Bonnin tiene una sólida formación teatral y, por tanto, una modulación y un extraordinario dominio de la expresividad, aunque no ha intervenido en muchas películas. Lejos están los tiempos en los que Rivero era un adolescente en las series Compañeros o El comisario y casi lo vimos crecer en Cuéntame cómo pasó. Con el paso del tiempo ha mejorado como actor y su trabajo en esta película es uno de los factores que la hacen más creíble.

El reproche que se puede formular a la trama es que, a partir de la mitad del metraje, es fácil deducir lo qué ha ocurrido, por dónde va a discurrir la trama y cuál es la resolución del misterio. La película fue estrenada a principios de 2017, pasando bastante desapercibida a pesar de estar por encima de la calidad media de lo que el cine español viene estrenando en los últimos años. Y de ahí pasó a Netflix en donde la hemos visto.


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