domingo, 16 de julio de 2017

Personal Affairs... Asuntos de Familia de Maha Haj


Situémonos: estamos en Nazaret, en el Estado de Israel, no en tiempo de Cristo, sino en la actualidad. Protagonistas: una pareja que llevan años casados y empiezan a estar hartos el uno del otro, en la que los silencios son más frecuentes que los diálogos, cada uno ha ido desarrollando sus sueños y sus fantasías en secreto y fuera del alcance de su cónyuge. Tienen dos hijos, uno vive en Ramala(Ramallah), aspira a permanecer soltero durante toda su vida, a pesar de lo cual, por aquello de las contradicciones, tiene novia (aunque él opine que es sólo amiga con derecho a roce), otro hijo vive en Suecia y otra hija embarazada cuyo cuñado bruscamente se convierte en actor de cine. Finalmente, una abuela diabética a la que se le va la cabeza y empieza mostrar rasgos de senilidad. Tal es el cuadro de protagonistas.

Si algo subyace en esta película es la perfecta descripción de todos los personajes, algo que el espectador percibe a los pocos minutos de iniciada la trama. Hay que decir que se trata de una familia judeo-palestina, pero, paralelamente, tranquilizar al espectador diciendo que la influencia de aquel conflicto ya secular no tiene ninguna importancia en el desarrollo de la trama. Éste responde solamente a los rasgos de una comedia amable que hay que agradecer a su director, Maha Haj. La cosa es tanto más meritoria en la medida en que se trata de su ópera prima. Excelente comienzo, en cualquier caso.


La pareja protagonista nos muestra lo que es la rutina en el seno de una familia, especialmente cuando los hijos ya están criados, no hay nietos y ambos cónyuges deben sentarse uno frente al otro: si no hay nada que decir, si ambas partes han perdido la noción de que un matrimonio supone siempre la idea de compartir problemas, sueños, presente y futuro, mal asunto. Un hogar tranquilo puede convertirse en un infierno con el fuego siempre requemando la convivencia. Se sabe que ese momento ha llegado en una pareja cuando dejan de prestarse atención mutua.

La pareja decide ir a Suecia a visitar a su hijo, siguiendo los consejos del hombre y la invitación del vástago. Y allí que se van. Pero en aquel país repiten el mismo patrón de conducta, algo que no se escapa al hijo que les propone una actividad inédita para ambos: un viaje en barca. La única forma de romper las rutinas y enfrentar a la pareja a nuevas emociones. Decir algo más sobre el guión de la película supondría privar al espectador de conocer por sí mismo el desarrollo de esta cinta que, en cualquier caso se muestra agradable, encantadora y particularmente entretenida. 

La película tiene su moraleja: en lugar de apostar por las recriminaciones o los silencios, es mejor vivir haciendo cosas que sean nuevas y arriesgadas. Para una mujer que no sale de la rutina de su casa, arriesgado es ir a Suecia a ver su hijo. Para un hombre que no conoce el mar, arriesgado descubrir la arena mojada y penetrar en el agua aunque esté vestido. Y así, vemos a lo que se atreven los personajes de la familia.  Esta película nos recuerda que sólo hace falta ponerse a caminar sólo o de la mano del otro que nos mira. Salir de nuestra zona de confort para que el aire fresco de la aventura disuelva los bucles tóxicos de la mente.

Las historias de todos los personajes están magníficamente contadas. Todos aportan matices tan cotidianos de una familia que te hacen pensar en cómo describirías la tuya. Imagina, como si fuera tu familia y tuvieras que hacer un repaso para contárselo a tus amigos y disfrutaran escuchándote.

La dirección es hábil y particularmente ágil. Maha Haj muestra ser una directora con potencial. Igualmente notable es la actuación de los protagonistas, algunos de los cuales conocemos de otras interpretaciones en series de TV o largometrajes. A Ziad Bakri (Maisa), por ejemplo, lo hemos conocido en la serie francesa Le Bureau des Légendes y a Haran Hillo (Samar) en la serie Fauda.

Una buena película que gustará especialmente a los que amen las cinematografías minoritarias (la Israelí lo es) que pugnan por hacerse un hueco bajo el sol del Séptimo Arte. Es una historia pequeña, intimista, pero que tiene la habilidad de recoger una situación en la que, seguramente, muchas parejas maduras que van camino de la tercera edad, se habrán encontrado. El tratamiento es desenfadado y con toques de humor e ironía. Quizás haya en algunos momentos un poso dramático, pero éste no es desde luego el tono de la cinta.

El último Virrey de la India... Gurinder Chadha


Película inglesa dirigida por Gurinder Chadha, directora británica de origen indio y raíces sikhs (sij) (dato, como veremos, importante) de la que, además, es guionista, nos ofrece los últimos meses de presencia inglesa en la India.  El “último virrey de la India” no es otro que Lord Louis Mountbatten, un personaje que llenó la historia del Reino Unido desde 1924 hasta su asesinato por el IRA en 1979. 

Su misión en la India fue importante, pero no fue ni la única ni siquiera la de más envergadura que realizó para el gobierno de Londres. La película es interesante en unos momentos y discreta en otros; registra por un lado el trabajo de Mountbatten al poner el “the end” al dominio británico en aquella zona y, paralelamente, una historia de amor imposible entre dos asistentes de la pareja, uno hinduista y y la otra musulmana. 

Cabría decir que la directora presenta los amores interreligiosos como un símbolo de que los pueblos de distintas religión pueden entenderse si sobre ellos planea el amor… Demasiado alambicado, ingenuo-felizote e intolerablemente simple, porque la historia demuestra justo lo contrario, en el caso de la India. Menos mal que la comunidad hinduista y la musulmana fueron separadas en dos países en el momento de obtener la independencia (India y Paquistán), porque de lo contrario, la situación hoy en la zona sería peor de lo que ya es. De hecho, a principios de los 70, India invadió el Pakistán Oriental, Bangladesh, poblada por una mayoría de musulmanes, a lo que siguieron nueve meses de una guerra repleta de masacres seguidas por una hambruna inolvidable. Sin olvidar que, cada vez con mayor frecuencia estallan disturbios entre musulmanes e hinduistas especialmente en el centro y norte del país. No; en países que viven tan intensamente la cuestión religiosa, la convivencia no era posible en 1947 en el momento en el que la India logra su independencia, y mucho menos ahora, en donde el fundamentalismo islámico complica aún más la situación. Así pues, la historia de amor entre los dos asistentes de religiones diferentes es una interpolación intempestiva que desvía lo esencial de la película hacia un intimismo fuera de lugar. 

Nos quedamos, pues, con la parte histórica que está realizada con precisión aceptable. Churchill que en 1942 se había negado a la independencia de la India, encarcelado a muchos dirigentes y obligado a huir a otros, una vez terminada la Segunda Guerra Mundial (en la que Lord Mountbatten había servido a su país dirigiendo las tropas inglesas en el sudeste asiático), aceptó dar la independencia ante el cariz que estaba tomando el movimiento nacionalista. Mountbatten lo hizo lo mejor que pudo. El problema esencial era el de los límites fronterizos y poner de acuerdo a grupos religiosos muy distintos para llegar a la partición del territorio. Era imposible. Además, Churchill envió a Mountbatten a la India cuando él, personalmente, ya había decidido la política a seguir (política que no le confió). Churchill, en efecto, aspiraba a balcanizar la India, convertirla en un mosaico de naciones y pueblos peleados unos con otros que jamás lograrían estabilizarse. Así consumirían armas y recursos británicos durante décadas. 

De hecho, si tenemos en cuenta la historia reciente de ese país en los últimos 70 años se verán los nefastos resultados de esa política: conflictos con China en 1959 y 1962, conflicto con Portugal por Goa en 1961, enfrentamientos con Pakistán por la cuestión de Cachemira en 1947, 1949, recrudecidos en 2000, invasión de Paquistán Oriental con la consiguiente guerra en 1971… Y, aún así, India es hoy una de las naciones del mundo con más potencial. Sin olvidar que India y Paquistán son hoy potencias nucleares y que, una vez más, es la amenaza de destrucción mutua asegurada lo que evita el estallido de un nuevo conflicto.

Si la película se hubiera centrado en la tarea de Lord Mountbatten y de su esposa (que tiene una gran relevancia en la cinta) hubiera podido contar lo mismo sin que la incrustación emotiva-sentimental-ingenua sobre los asistentes hubiera hecho perder el tiempo. De todas formas, el resultado de la cinta es aceptable: aprendemos un poco de historia. Lord Mountbatten era, y su historial puede confirmarlo, un aristócrata que sirvió a su país allí en donde su gobierno decidió enviarlo (que, por cierto, fueron, en la guerra y en la paz, siempre misiones delicadas). 


Lo cierto es que Lord Mountbatten desembarcó en la India en seis meses antes de que este país obtuviera la independencia y la tarea que tenía por delante era portentosa. La directora se recrea en demostrar que el Virrey de la India vivía en medio de un lujo extremo y decadente… olvidando que para los marajás autóctonos el nivel de vida era similar. La directora, como hemos dicho, de raíces hindúes parece albergar restos de resentimiento típico del antiguo colonizado. Incluso no puede evitar. Además, es de origen sikhs, religión que es una síntesis sincrética de hinduismo, islamismo y cristianismo… ¿entienden ahora el por qué introduce los forzados amores entre el hinduista y la musulmana?.

Los papeles protagonistas están desempeñados por Huhg Bonneville (un rostro conocido por Downton Abbey) en el papel de Lord Mountbatten y por Gillian Anderson (la agente Scully de Expediente X y luego protagonista de la serie The Fall). Ambos realizan un papel extraordinario. Uno no puede dejar de maravillarse de más que excelente dicción inglesa de Gillian Anderson (por mucho que sea de nacionalidad estadounidense). Es una delicia escucharla, aunque no se sepa mucho inglés. 

En cuanto a la directora, cabe decir que, hasta ahora Chadha había sido conocida en España especialmente por aquella película que recibió buenas críticas Quiero ser como Beckham (2002). Consigue transmitir lo esencial de lo que ocurrió en los seis meses previos a la independencia de la India y a la partición del país. Ésta es, desde luego, su película más ambiciosa.


En resumen, una película que interesará especialmente a los amigos de la Historia y a quienes quieran ver a Bonneville o a la Anderson en acción. 

domingo, 2 de julio de 2017

Estados Unidos del Amor... de Tomasz Wasilewski


Llega el tercer largometraje del joven director polaco Tomasz Wasilewski que nos muestra la situación material y emocional del país en el momento de la caída del “telón de acero”. Es el año 1990, en los 45 años anteriores, Polonia ha pasó de vivir las consecuencias de una guerra devastadora a un régimen comunista que, a partir de finales de 1980, con el inicio de la larga huelga en los astilleros de Danzig, empezó a encontrar dificultades internas. Polonia estuvo en la vanguardia de la enfermedad terminal que generó la destrucción de la cadena de alianzas de la Unión Soviética y que obligaron –junto a otros factores- a la política de “glasnost” y a la “perestroika” del presidente Gorbachov y, finalmente, a la disolución del mundo comunista. 

Bruscamente, en 1990, todo cambia; el consumo llega a Polonia, el país vuelve a ser lo que había sido siempre: un país tradicionalmente católico en el que el régimen socialista no había conseguido cambiar su forma de ver la vida, sino que trató de incorporarla. Hasta ese momento, la familia tradicional, compuesta por padre, madre e hijos, había sido el modelo universal de convivencia en Polonia. A partir de ese momento, con la apertura de fronteras y la homologación democrática, millones de padres se vieron obligados a recurrir a la emigración para aumentar las expectativas de consumo de sus familias. Nueva York se convirtió en la meca de muchos de ellos. Por entonces, Wasilewski era un niño de apenas 10 años, pero recuerda aquella situación de manera muy nítida. De hecho, esta película –en la que él mismo ha elaborado el guión además de asumir la dirección- es el resultado de sus recuerdos de infancia, una suma de situaciones que él mismo vió en el bloque en el que vivía. 

La película nos muestra cuatro historias, ligadas por el lugar en el que ocurren y simultáneas. Son las historias de cuatro mujeres: la primera es una chica joven que se casó a los 14 años, tiene una hija, la segunda es la directora de un instituto, la tercera vecina es una profesora mayor ya jubilada y la cuarta es una joven profesora de baile. En todos los casos se trata de personajes que sufren problemas psicológicos y situaciones de malestar interior. El título es accidental: las situaciones tienen que ver con los amores de estas cuatro mujeres, pero también con otros muchos sentimientos, pasiones y estados psicológicos. 

La película y el guión surgieron de los recuerdos infantiles de Wasilewski que siempre se planteaba qué ocurría detrás de cada puerta del bloque de pisos en el que vivía. Él mismo ha recordado que vivía en un bloque exactamente igual al que aparece en la película y que todos los personajes son absolutamente reales. Sin embargo, la trama es una fantasía creada por su imaginación sobre lo que ocurre al otro lado de la puerta. En Polonia, hasta la caída del Telón de Acero, los maridos se iban a trabajar a las 7:00, los niños iban al colegio llevados por sus madres y éstas, a partir de las 9:00 se quedaban solas, tras la puerta. A Wasilewski le fascinaba pensar qué pasaba por la mente de aquellas mujeres, cómo se comportarían, en esas horas de soledad que la nueva situación iniciada a partir de 1990 no mejoró: porque, a partir de entonces, los maridos no se iban a las 7:00 y volvían en la tarde, sino que emigraron para permanecer años y años fuera del país (muchos, para no volver), alejados de sus hogares y de sus familias. El propio entorno familiar de Wasilewski experimentó esta situación con un padre que enviaba dinero cada mes desde Nueva York, pero que permanecía lejos. 

La película resulta verosímil y convincente y nos muestra, no la historia de Polonia tras la caída del comunismo, sino cuatro historias de mujeres que reflejan y pueden extrapolarse a la historia de la sociedad polaca de aquella época. Es, tanto un estudio sociológico, como un relato psicológico cuyos méritos fueron reconocidos en el Festival de Cine de Berlín en donde Wasilewski recibió el premio al Mejor Guión o en el Festival de Cine Europeo en donde fue nominado en la misma categoría. 

La dirección es ágil y evita los tiempos muertos que suelen aparecer en películas de esta temática. Si se puede definir el contenido del guión y el resultado de la película con dos adjetivos, estos deberían ser, indudablemente, “sinceridad y autenticidad”. Era una película difícil y comprometida porque nos muestra a una sociedad polaca, a través del retrato de cuatro mujeres, de la época, en la que mientras las varones están ausentes, las mujeres buscan cariño, amor, comprensión, comunicación, expresar sentimientos y llenar de alguna manera sus vidas que perciben como vacías o, al menos, como incompletas en medio de una balsa de aceite social hecha de conformismo e inercia en relación a las tradiciones y usos del tiempo pasado.

Buena parte de la agilidad y frescura que despide la película se debe al concurso del director de fotografía (a cargo de un técnico rumano, Oleg Mutu) que pone especial cuidado en que las escenas más comprometidas, desnudos incluidos, no caigan en la vulgaridad. La fotografía, sin duda, acierta utilizando unos tonos grises y gélidos; no precisa una escenografía ampulosa, sino austera y concisa: con apenas unas pinceladas nos hacemos una idea de cómo fue aquella época y qué elementos ambientales decoraban la realidad polaca. Hay algo frío, casi glacial, que se debe en parte al clima de aquellas tierras, pero también responde al tono con el que fueron vividos esos años por las cuatro protagonistas: se mantienen en pie en medio del frío con la esperanza de que algo ocurra en sus vidas y la temperatura ascienda a grados más agradables. Eso mismo es lo que esperan de la vida. Oleg Mutu sabe recoger esta exigencia del guión con una simplicidad extraordinaria y, a ratos, sobrecogedora. 

Las interpretaciones están todas muy en su punto. En todos los casos se trata de actrices y actores con amplia experiencia en la cinematografía polacas y, por tanto, solamente conocidos por aquellos espectadores que tienen propensión por los cines minoritarios. Probablemente la más conocida sea Magdalena Cielecka, una de las protagonistas de la película de Andrzej Wajda, Katyn (2007) sobre la masacre de 15.000 oficiales polacos ejecutados por los soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial, y de la serie de televisión El pacto (2015), primera producción de HBO en Polonia, en la que, por cierto, también aparece Marta Nieradkiewics, la vecina que aspira a ser modelo. Un reparto experimentado que asume con facilidad sus papeles y contribuye a aumentar su credibilidad.


El tránsito brusco, en apenas unos meses, del comunismo al capitalismo, acarreó en todas las sociedades del Este, problemas. Unos, porque pronto vieron, que el capitalismo no suponía atar los perros con longaniza, sino que los peces grandes se comían a los pequeños; otros porque no terminaban de estar seguros de que aquella situación fuera permanente, sino que creían que podía revertirse y que, nada garantizaba que el comunismo no volviera otra vez; los hubo que se desesperaron por ver lo que el libremercado era capaz de colocar en los escaparates de consumo, pero que ellos jamás podrían alcanzar; también hubo mujeres que, en su soledad, tras la puerta de sus austeros apartamentos, oscilaban entre las pequeñas alegrías y las decepciones de lo cotidiano. De estas últimas trata esta película.

sábado, 1 de julio de 2017

Entrevista a Tomasz Wasilewski... director de "Estados Unidos del Amor"


Nos ha encantado la película. Nos ha recordado mucho los tiempos narrativos al cine japonés. El perfil de lo que has querido contar con respecto a las mujeres, bueno no es que nos haya sorprendido (en la España de los años 50 habían mujeres con el mismo perfil) pero es que está muy bien contado. 

¿Sus películas son un retrato de la sociedad polaca moderna o si sólo es de un entorno que le llama la atención?

Desde el punto de vista emocional creo que esta película podría ocurrir hoy en día, porque habla de emociones y son algo muy universal, esas emociones son muy universales. Son personas que sienten dolor, aman, imaginan, sueñan en aquellos 1990. 

Pero a la vez creo que la elección de estas mujeres sería diferente hoy que entonces, porque la sociedad de 1990 era diferente entonces. Era un tiempo peculiar, específico, era 1990, porque había caído el Telón de Acero, el régimen comunista ya no existía, pero esa generación tenía una pierna metida todavía en el comunismo y otra piedra en la libertad. No sabían como manejarse, no sabían que hacer con esa libertad. No tenían las herramientas para usar la libertad. A finales de los 90, diez años después ya era totalmente diferente, era otra cosa. 

Hablé muchísimo con la actriz mayor que hace de Renata en la película, si, ella vivió la época del comunismo, obviamente por su edad, cuando ocurrió la caída del muro de Berlín tenía 30 años. La generación de estas mujeres que se ven en la película. Lo que hizo el comunismo, Renata me dió el ejemplo… imagínate un animal que nace en una jaula, toda la vida vive en una jaula, si le abres la puerta el animal no va a salir porque su casa es la jaula. Se llega a pensar…  pues me quedo en mi casa. Pero más allá, lo que les ocurría a mi generación es que la sensación, el comunismo lo que nos dió a sentir es que no nos merecíamos más, ósea no nos merecíamos desear otra cosa. Podríamos desearlo pero no podíamos tenerlo. No valíamos para ello. Todavía, todavía hoy 27 años después, ella por la mañana se despierta y piensa… “no, no, no me lo merezco”. Les marcó profundamente. 

En este sentido de marcar a fuego, creo que hay muchos factores aparte del comunismo. Hay la religión y también que creo que políticamente Polonia es un estado, un país tapón de una botella de champán. Está entre los alemanes y los rusos. Históricamente es un país muy contenido. Porque está contenido entre dos enemigos pero también estos dos enemigos están en contra de este tapón que es Polonia. Realmente es un país mal situado, quería la salida al mar a través de Danzing pero ahí se formó ya la I Guerra Mundial. 

Disculpa por la palabra que voy ha utilizar pero si es verdad siempre estamos jodidos. Geopolíticamente es una situación muy difícil como has dicho. Muy difícil.

Son dos cosas, bueno son tres… la situación geográfica de Polonia obviamente, pero también la iglesia que era muy potente, muy fuerte entonces incluso bajo el comunismo, y lo sigue siendo hoy aunque algo menos y las Traiciones. Es un pueblo muy tradicional, muy conservador.

La película transcurre en una ciudad pequeñita, no en Varsovia. Yo crecí en una ciudad igual de pequeña. En realidad en esta película las historias son inventadas obviamente, pero los personajes no, los personajes cuando era niño, conocí a estos personajes, a estas mujeres y hay una cosa muy curiosa hablando de tradiciones el hecho de que nadie se divorciaba, por ejemplo… yo cuando vivía en la ciudad pequeña, nací en 1980 y hasta 1996 no conocí a una niña producto de un matrimonio separado. Yo veía divorcios y separaciones en la TV pero no en carne y hueso. Entonces es un poco lo que le ocurre a Ágata también, Ágata no se separa de su marido aunque ya no tiene nada que ver el uno con el otro…. No se hace, no es así, no. Mantiene esas apariencias. Por eso esta película en lugar de situarse en 1990 se situase en 2015 no sería así. La reacción de estas mujeres sería completamente diferente. 

De todas formas, dejando a parte las circunstancias concretas de un país, Polonia, lo que explicas en la película me ha llevado a pensar que es un problema general que no está en un país sino que está en Occidente, el individualismo occidental que choca con la idea de perfección que se supone que tiene que ser el amor, todos juntos, despreciando la individualidad. Todos juntos es lo más importante y la individualidad es algo que tiene que estar clandestino. Es algo que ocurre aquí también. 

Si estoy totalmente de acuerdo contigo, efectivamente es lo que dices pero también es el hecho de que estas personas, cada una de ellas, esas cuatro mujeres, incluso los hombres, son individuales, tienen ideas propias, deseos, fantasías, deseos sexuales, ganas pero forman una sociedad super unida donde nada de esto aparece. Como he dicho antes yo crecí en un bloque así, exactamente igual que este. Los personajes son reales pero es una fantasía mía. ….porque siempre ocurría muy estructurado, padre, madre, dos hijos. Padre 7 de la mañana se va a trabajar. Niños se van al colegio y se quedan las mujeres solas. Siempre he pensado que detrás de esas puertas cerradas había gente… fantástica, llenos de deseos, con ideas, maravillosa, con tristeza, con penas, pero gente que vivía una historia sola y eso es lo que he querido retratar. 

¿Cómo se te ocurrió el título?

Entiendo que el amor sean muchas emociones, engloba muchísimas cosas, la pasión, el deseo, el amor, la tristeza, todo. Cuando empecé no tenía título. Fue casi lo último que llegó de la película. Estados Unidos del Amor no sólo se refiere a las cuatro mujeres sino a los hombres que también están dentro de la película, que también tienen sentimientos, los imagino para ellos. 

El actor que hacer de cura joven, hablando con él, fue el que dió con el título y lo dijo… pues los estados unidos del amor. !!Claro, es perfecto, es el título!! 

Ahora queríamos preguntar al director. He leído en biografía que hay por Google que fuiste a New York cuando todavía no tenías los estudios acabados, entonces debió de significar algo muy importante porque volviste y terminaste corriendo los estudios. ¿Qué vistes en New York que te hizo volver con unas energías y porque no Hollywood?

Verás hay una tradición, algo nos une con New York, os explico porqué, muy simple. En el 90 cuando cayó el Telón de Acero pudimos por fin ir al extranjero. Muchísimos hombres polacos emigraron, fueron a buscar trabajo al extranjero o Alemania del Oeste…… Mi padre se fue a New York. Trabajaban ilegalmente obviamente, pero mandaban dinero a casa, y por eso la película está vista desde el punto de vista de ellas mujeres porque yo me quedé a los 10 años solo con mi madre y mi hermana, y solo había mujeres en el bloque. Todos los hombres se habían ido. Ya no es que se fueran a las 7 de la mañana. No, es que no se iban ni volvían.  

Yo iba a New York cada año, habitualmente me quedaba el verano en New York, un mes, lo que sea. Y pensé, desde hace mucho tiempo, que quería ser cineasta, eso lo tenía muy claro y pensé voy a estudiar en la School of Visual Arts de New York. Me voy a New York y en vez de estudiar en Polonia estudio allí. Cuando llegué vi que era imposible, es carísimo. O te conceden una super beca o eres rico. Entonces me puse a trabajar. En lugar de estar los 15 días típicos pues me quedo más y me pongo a trabajar. Llegué a Queens, en el barrio de Queens y trabajaba en Manhattan en una especie de cafetería-restaurante. Entraba a las 6 a.m., hora y pico de metro para llegar hasta Manhattan, me levantaba a las 4 a.m.  Y aquí estoy una buena mañana, a las 7 de la mañana haciendo pizzas como un imbécil y pensé… !¿qué coño estoy haciendo yo aquí, haciendo pizzas cuando quiero ser cineasta, no estoy haciendo cine, hago pizzas y tengo dos años de escuela hechos en Polonia?!. Al día siguiente dije… señores adiós,  compré el billete y volví. 

Mi segundo film Floating Skyscrapers…. el estreno mundial fue en el Festival de Tribeca y dio la casualidad que el Festival está al lado del restaurante en que trabajaba.  

Pues te felicito… que a veces, el enemigo es nuestro mejor amigo. 

Entendí que había hecho bien en volver. 



Muchas gracias por esta entrevista y le deseo los mejores éxitos.

jueves, 29 de junio de 2017

House of Cards 5 Season...


In the fifth season, the series has not disappointed and continues to seduce the viewer. In this, the essential topics are the manipulation of terrorism to obtain favorable situations, the distortion of the electoral results, the physical liquidation of some protagonists, the external interventions, the centers of parallel power, the threat of an internal coup, the "empeachment ", Which, as a whole, constitute a real leap forward of the protagonist couple and join those already present in other seasons: critiques of democracy, cunning and maneuverability coupled with the lack of scruples and the will of Power, constitute a kind of common denominator of the series.

There is something of "American history" this season: it is inevitable to remember - and the series has done so wisely - that what it presents to us are recent episodes of US politics. Or are we going to remember that George W. Bush won the presidential election after the country stayed almost a month attentive to the election results in Florida on which there was no way of reaching agreement and that it was, finally, Al Gore , Who closed a controversy that does not know how far he could have arrived, simply accepting his defeat? Are we going to forget that the entire eight-year period in which Bush sat in the "oval office" was presided over by the "anti-terrorist struggle" and by attacks that miraculously appeared to pave the way for any presidential adventure? Should we not remember how his predecessor, Bill Clinton, diverted attention from any criticism of his government by undertaking dramatic bombardments abroad that the Serbian people or the Iraqi people had to endure with their share of pain and death?

domingo, 18 de junio de 2017

The Ranch 3 Season... Photogenia of the deep America in 2017


NOTES TO THE THIRD SEASON

On June 15, 2017, Netflix has released the third season of The Ranch. The season is somewhat weighed down as the main theme of the season ("Colt Bennet" [Ashton Kutcher]), makes an ex-girlfriend pregnant while dating a new girlfriend. , On the other hand, increase the data to show the dramatic situation of the cattle sector in the US The father and patriarch of the Bennett enters again in the market of the "divorced of gold", while the mother wants to get rid of the bar (in which, By the way, Conchata Farrell appears, whom we had not seen since the end of Two Men and a Half and Lou Diamond Philips, protagonist of La Bamba [1987]) and so on... 

In the ten episodes there are sufficient brushstrokes between jokes And joke to understand the situation of small towns and ranchers in the US of 2017. We summarize what the spectator will see dispersed throughout these ten installments:

1. Problem of alcoholism: with informality at work, risks of driving in drunkenness, fines and jail terms to the third infraction.

2. Specific livestock problems: an underpaid activity, progressively concentrated in the hands of large management companies, with a disproportionate effort for the few benefits obtained.

3. Children: they are shown as lazy to work, irresponsible, unable to comply with the rules of the companies that hire them. Those who leave the village and return are considered as failures. His irresponsible behavior has negative repercussions on his friends. They are not in a position to inherit the responsibilities entailed by the management of a ranch, neither own nor others.

4. Father figure: some single-parent families appear for generations in which there is no trace of any authority or paternal figure.

5. Health: not even having a good health insurance is a way to get rid of health expenses (simple ultrasound costs $ 250 that no insurance covers).

6. Grandparents must take care of their grandchildren as a result of irresponsibility and lack of maturity of the children.

7. Work in a supermarket: in the series appears a supermarket that mimics the famous and widespread Wallmarts in the USA. They pay little and workers take expired food home

8. Food: the Mediterranean diet is the object of laughs and girls thing, the man of the "deep America" ​​only eats meat, ribeye if possible.

9. Read books: it has become something strange, an object of mockery and excuse to perform some gags. "Colt Bennett" even consistently commits linguistic inaccuracies that are corrected by his girlfriend (High School teacher).

10. Behaviors: adult males, such as the "Bennett brothers" and other protagonists adopt children's behaviors.

11. And politics ?: The father is a Republican in earnest who boasts to have voted for Reagan, makes fun of "Hillary" (although he does not mention Trump) and his best kept secret is that he voted for Jimmy Carter in 1976.

12. Foreign products: mockery about Toyota users and defends the Ford and Chevrolet. France also receives some sting.

13. Women's Rights: Female profiles are extremely demanding in both grandmothers, mothers and daughters.

14. The secret of this series is that under the guise of a sitcom, in reality what we are witnessing is a tragedy: that of the end of the last independent ranchers, the death of a lifestyle that characterized during the century And half to the US and that starts from those prairies traveled by caravans and cattle and that does not resist the new time made of neoliberalism, globalization, mobile telephony and unavoidable networks.

All these are elements that can be scattered in the ten episodes of this third season and appear as winks, between joke and joke, and a situation that is far from ideal and, ultimately, shows a sector Of the American society in crisis that has massively lent its support to Donald Trump in the last elections ...

miércoles, 7 de junio de 2017

Ignacio de Loyola



Puede sorprender el que un biopic sobre un personaje español tenga nacionalidad filipina, pero las cosas se entienden mucho mejor, si se tiene en cuenta que buena parte del legado español en aquellas islas que estuvieron ligadas a nuestro país hasta hace 120 años, pasa por la Compañía de Jesús. Donde ha habido mucho, siempre queda algo y cabe preguntarse si hoy queda más de los jesuitas en aquellas islas que en su país de origen. De todas formas, vale la pena recordar desde el principio que los actores son en su mayoría españoles, aunque el equipo técnico es filipino. De sus directores, Paolo Dy y Cathy Azanza, no consta que se haya proyectado ninguna otra película en España. A ellos se debe también el guión.

En un biopic está claro lo que se pretenden: biografiar a un determinado personaje; en este caso Ignacio de Loyola, soldado y luego fundador de la Compañía de Jesús, una personalidad en cualquier caso atípica e interesante. A lo largo de su historia, los jesuitas han sido muy criticados: se ha visto en ellos algo así como el “brazo armado” del papado y, sin duda, algo hay de ello a tenor del origen militar de su fundador y del carácter castrense que quiso imprimir a su obra. No han faltado quienes han vinculado los jesuitas a la masonería, aunque los estudios más objetivos sobre la masonería hayan sido elaborados precisamente por ellos.

Fueron la bestia negra del anticlericalismo mediterráneo del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Entraron en crisis y en disensiones interiores desde mediados de los 60 y hoy su influencia está muy disminuida, por mucho que el papa Francisco I sea uno de ellos. Se diría que su momento histórico ha pasado, pero justo es reconocer que durante un ciclo de quinientos años hayan sido una especie de élite de la Iglesia.

La existencia de la Compañía de Jesús es inseparable de dos elementos: la personalidad y las experiencias vitales de su fundador, Ignacio (Íñigo) de Loyola y la experiencia espiritual de sus ejercicios espirituales. Ambos elementos quedan notoriamente resaltados en esta película que, obviamente, ha sido inspirada por los propios jesuitas con objeto de encontrar un vehículo actualizado y moderno para transmitir a la sociedad lo que, seguramente, es su tesoro más preciado: los ejercicios espirituales.

No es, por supuesto, la primera vez que los jesuitas aparecen como tema de una película. De entre todas las órdenes religiosas, ellos son, seguramente, los más “fotogénicos”: los hemos visto protagonizando películas tan notables como La Misión (1986) y El Exorcista (1976) e, incluso, recientemente nos los hemos vuelto a encontrar en Silence (2016) de Martin Scorsese, película en la que su protagonista, Andrew Gardfield, quedó impresionado por los ejercicios espirituales creados por San Ignacio. Sin embargo, nuestra memoria solamente alcanza a recordar una película española sobre el fundador de los jesuitas, El capitán de Loyola (1948), dirigida por José Díaz Morales y en cuyo guión participó el muy notable José María Pemán. Demasiado retórica y grandilocuente para poder ser apreciada en el siglo XXI, le ocurría como al resto de películas sobre temática religiosa que se filmaron en aquellos años (Balarrasa [1950], La Señora de Fátima [1951], Sor Intrépida [1952], La guerra de Dios [1953], El beso de Judas [1954] y un larguísimo etcétera): utilizaban otro lenguaje cinematográfico incomprensible para el público actual.

Esto no ocurre en absoluto con Ignacio de Loyola a la que, sobre todo, encontramos dos méritos: en primer lugar, los actores que han participado se han esforzado y han conseguido representaciones convincentes, alejadas de la mediocridad característica de nuestra cinematografía (en la que, incluso, cuesta encontrar actores capaces de modular bien el lenguaje y hacerse entender) y el segundo es que nos demuestra que con un presupuesto limitado se pueden realizar productos dignos y entretenidos. Dejando aparte que la intencionalidad de la serie es promocionar la figura de San Ignacio de la Loyola, de la Compañía de Jesús y de sus ejercicios espirituales, la película está bien realizada, correctamente interpretada, ciertamente inyectando un poco más de presupuesto se habrían obtenido efectos especiales más redondeados, pero al resultado final de la cinta es globalmente positivo y es una cinta que nos puede enseñar mucho sobre el arranque histórico de la orden fundada por aquel joven soldado del siglo de vuelta de todo y cuya voluntad creó un formidable espiritual y una poderosa estructura que durante siglos ha constituido uno de los puntales más sólidos de la Iglesia.

Andreas Muñoz, ocupa el papel protagonista. Es uno de esos actores que empezó trabajando muy joven (con apenas 9 años participó en el rodaje de El espinazo del diablo, 2000) y que se ha preocupado de dotarse de una sólida formación dramática en la Escuela Superior de Arte Dramático y en el Royal Conservatoire of Scotland. Aquí realiza una buena recreación del personaje. Hay que decir que la película se filmó en inglés –lengua que Muñoz habla perfectamente- a pesar de que las localizaciones estaban situadas en Navarra.



La película no es una biografía completa del personaje. Termina cuando el futuro San Ignacio sale libre del juicio al que le ha sometido la Inquisición –precisamente por sus ejercicios espirituales- y marcha a París para completar sus estudios.  Es uno de esos raros “productos culturales” que, sea cual sea nuestra posición ante la religión, contribuyen a aumentar nuestro bagaje cultural. Lo que no es poco en los tiempos que corren.

Entrevista con el actor Andreas Muñoz 

jueves, 25 de mayo de 2017

Piratas del Caribe... La venganza de Salazar


Tiene gracia que el 25 de mayo de 2017, cuando se cumple el 175 aniversario de la muerte de José de Espronceda, el poeta romántico que compuso la célebre Canción del pirata, se estrene la quinta pieza de la franquicia Piratas del Caribe: la venganza de Salazar. “Salazar”, por cierto, es Javier Bardem. 

Pocas películas gustaron tanto a una generación como Piratas del Caribe: en La maldición de la Perla Negra (2003), vimos la genial combinación de Johnny Depp (capitán Sparrow), con Geofrey Rush (“capitán Barbosa”), secundados por Keira Knightley (“Elizabeth Swan”) y Orlando Bloom (“Will Turner”). La cinta, dirigida por Gore Verbinsky no tenía un minuto superfluo y el guión era un verdadero cuento para mayores. El éxito se mantuvo en El cofre del hombre muerto (2006); la sorpresa fue menor porque ya todos conocíamos los gestos del “capitán Sparrow”, pero la presencia del Kraken, del padre de “Will Turner” y del Holandés Herrante con su “capitán Jones” (Bill Nighy) eran suficientemente gratificantes para compensar el que fuera segunda parte de una película brillante. Cuando llegó En el fin del mundo (2006), reconocimos que estaba bien aquello de la isla de los piratas, pero que faltaba algo de intensidad a la trama y los efectos especiales no podían compensar el hecho de que los precedentes eran demasiado buenos como para mantener el mismo nivel. Y llegó la cuarta entrega cinco años después En mareas misteriosas (2011), con el valor añadido de que actuaba Penélope Cruz en el papel de “Angélica Teach”, hija de un pirata temerario y cruel, digno rival del “capitán Sparrow” en su búsqueda de la eterna juventud. Un verdadero desastre la película no se sostenía por ningún sitio y resultó ampliamente decepcionante hasta el punto de que podía pensarse que la saga había terminado con ella y de mala manera.

Así que cuando se anunció La venganza de Salazar, temimos que fuera una de esas películas alimentarias cuyo único activo era la referencia a una saga con un inicio brillante, una segunda parte aceptable, la tercera discreta y la cuarta catastrófica. Además, la curva de pérdida de interés había franqueado el límite de lo alarmante en la cuarta entrega, así que la quinta corría el riesgo de ser, simplemente, infumable. Y, sin embargo, ha resultado todo lo contrario. La serie ha resucitado, sino hasta el nivel de calidad de la primera entrega, sí al menos al paso con la segunda. Lo que no es poco.

¿Qué se nos narra? La persecución que la despiadada tripulación del “capitán Salazar” (Javier Bardem) compuesta por marineros fantasmas, inician la persecución del “capitán Sparrow”, el cual solamente puede sobrevivir si encuentra el “Tridente de Poseidón” ayudado por los nuevos amigos de circunstancias que aparecen en esta entrega. Repiten Deep y Bush. Se estrenan en la saga Barbem, Kaya Scodelario y Brenton Thwaites. Vuelven Bloom y la Knightley. Y, oh sorpresa, el modelado en 3D nos permite ver a un Jonny Deep, con treinta años menos… Un enigma: en la película aparece Paul McCartney ¿será usted capaz de situarlo? Bardem hace de fantasma confirmando su especialización en papeles de “maldito”; su interpretación está bien aprovechada y el personaje que encarna se hace, sino creíble, si necesario para la trama e incluso guapetón en algunos momentos, algo increíble que lo diga yo. 

El conjunto es agradable: todos sabemos que sin la edición digital y los efectos especiales esta película jamás hubiera sido posible; todos sabemos que vamos a asistir a una efusión de fantasía visual. Gráficamente, la película es un festival visual con un ritmo narrativo que no decae a lo largo de las más de dos horas de metraje. No es una película para tomársela en serio: es una fantasía y si se pierde ese elemento central, no pierde la perspectiva desde la que conviene verla. Es, eso sí, una fantasía bien construía y satisfactoria. 

Da la sensación de que los directores han querido viajar al origen de la saga y han hecho todo lo posible por remitirse a ella, empezando por la espectacular música, la estética y la simplicidad efectista de la narración. Hay películas que merecen ser calificadas de “familiares”: las pueden ver miembros de la familia de todas las edades y seguramente, todos ellos, les gustará lo que ven, aunque sea por razones bien diferentes. Es el rasgo que desde el principio supieron imprimir los estudios Disney (aunque no siempre esté presente en sus producciones).  Uno de los temas de esta película además, es la búsqueda del padre (Turner) por parte de su hijo Henry y salvarlo de su maldición.

¿Es La venganza de Salazar el principio de un reverdecimiento de la saga? Parece complicado. El hecho de que el resultado final de la quinta entrega haya sido bueno, no quiere decir que pueda irse mucho más allá de donde ha llegado: podemos decir que con esta entrega se ha llegado a un límite, más allá del cual costará encontrar una temática que sea aceptable para el público. 

En su conjunto, la saga Piratas del Caribe registra una sobredosis de fantasía, que imposibilita ir mucho más allá, salvo que se quiera caer en lo paródico o que una nueva generación de efectos especiales permita nuevos alardes hoy todavía impensables (de hecho, en esta, hemos visto como el tiburón zombi y el barco fantasma constituían efectos inéditos hasta ahora, pero… ¿es posible crear más y más efectos sin que el argumento desmerezca y sin que los personajes se desgasten? Por nuestra parte, ésta quinta entrega ha constituido un digno final que ha resituado a la saga en niveles aceptables superiores a la tercera y a la cuarta entrega y casi mejor dejarla con este buen recuerdo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Amazona de Valerie Meikle... lo que tienen que sufrir los hijos de los hippies


Hasta no hace mucho la mujer no se realizaba en ella misma, sino mediante su entrega a otro: a su compañero o a su hijo. Y en el primer caso, a su amante o a su marido. Tal era la concepción del rol social de la mujer desde el neolítico hasta mediados del siglo XX. Parece normal que algunas mujeres no se conformaran con este destino y quisieran volar solas, sin la tutela del varón o considerando que su compromiso con los hijos terminaba cuando estos empezaban a valerse por sí mismos.

Una de esas mujeres fue Valerie Meikle, una inglesa nacida en 1937 que llegó a Colombia en 1960 para unirse con un abogado con el que tuvo dos hijas. Luego se separó, volvió a Inglaterra, se unió a una comuna hippie de las que entonces proliferaban en cada esquina y conoció al que sería su segundo marido con el que tuvo un par de hijos más. Una de ellas se llamó Clara. Cuando tenía Clara once años, su madre volvió y se instaló en pleno Amazonas. La misma Clara, ahora Clare Weiskopf, que ahora nos presente este documental. 

La decisión de Valeria Meikle (Val) se debió a la muerte de su hija mayor, producto de su primer matrimonio, en la erupción del volcán Nevado del Ruiz en Armero. A partir de ahí decidió superar su dolor en la selva colombiana, dejando a sus otros hijos. El tiempo ha pasado, la euforia de los 60, la tragedia de los 80, los años de reflexión y formación, todo eso queda atrás y hoy es un buen motivo para reflexionar, especialmente porque Clara se casó con Nicolás van Hemelryck, director del documental, está embarazada y decide ir a encontrar a su madre en la selva.

El director y la que, en la práctica es co-directora del documental, han procurado evitar realizar juicios de valor sobre la actitud de la madre. No hacía falta: estos quedan al arbitrio del público. Y las reacciones pueden ser de todos los gustos. Hay que elogiar a los promotores del documental que no quieran imponer su criterio y se limiten a plantear el problema. En el documental se observa cierta duplicidad en la actitud de la hija en relación a la madre: por un lado la admira, pero por otro no puede evitar reprocharle el que se hubiera ido. En realidad, Val, es lo opuesto a ese tipo de madres que enclaustran al hijo, lo someten a su protección por tiempo indefinido y cuando este acaba de cumplir los cincuenta siguen hablando de él como del “nene”. Seguramente, el modelo que todos hubiéramos deseado es el de una madre lo suficientemente próxima como para contar con ella cuando lo hubiéramos necesitado, pero no tan próxima como para asfixiarnos. Es como el Sol: demasiado cerca, quema; cuando se va aparece el frío y la noche.

Si puede calificarse a Valerie Meikle de algo, es de hippie. Fue hippie en los años en los que era una moda y siguió siéndolo cuando la moda declinó. El período hippie marcó su vida. Los que en su época fuimos escépticos respecto a este fenómeno, seguimos siéndolo medio siglo después. Se dijo que el hipismo fue una “filosofía”. En realidad, eso sería decir mucho: el hipismo fue una subcultura que derivó directamente de la psicodelia. La visión hippie de la vida, no derivó de unos principios a los que se hubiera llegado mediante el razonamiento lógico y una serie de premisas y reflexiones encadenadas, sino que surgió de manera intuitiva de estados alterados de conciencia por las volutas de la mariguana y, en menor medida, del LSD. No fue otra cosa. La filosofía hippie tenía de profunda lo que alcanzaba el alcaloide de la mariguana. Si uno no había quedado muy intoxicado por el alcaloide o un buen día dejaba de consumirlo, la vida hippie dejaba de tener sentido. De lo contrario, se persistía como lo que es hoy, un arcaísmo. También existieron los que habían permanecido tanto tiempo como hippies que ya no sabían ser otra cosa más que hippies. El caso de Valerie parece ser uno de estos.

Hoy, Valerie vive en mitad de la selva, un lugar no particularmente agradable; tiene 80 años. Su vida es extraña y anómala en relación, incluso a los de su generación o a los que como ella sintieron la atracción del hipismo a finales de los 60. De hecho, cuando ocurrieron los asesinatos cometidos por la “familia Manson” (9 de agosto de 1969), el fenómeno hippie periclitó para siempre, dejó de ser una moda para convertirse en un recuerdo, a veces idealizado, demonizado para otros, pero algo que quedaba descarrilado del tiempo. Quienes no lo advirtieron –como Val- se quedaron encallados intentando justificar su vida en función de ideales de liberación de la mujer, o de cualquier otra doctrina que cabalgara con la moda.

Clara y su marido, que se habían formado cinematográficamente en la prestigiosa Escuela de cine de Cuba, decidieron realizar este documental que, aspira a ser algo más que la traslación en un verdadero drama/epopeya familiar. El documental no deja indiferente a nadie: nos obliga a tomar partido, a comprender la actitud de la madre y sus justificaciones o a hacer un esfuerzo por aproximarnos a los puntos de vista de la hija. La película es cualquier cosa menos una terapia personal de madre e hija. Invita a la reflexión y, para ello, nos presenta filmaciones en super 8 de los años 70. La película se financió mediante crowfunding personal.  Amazona, ganó el premio del público en el Festival de cine de Cartagena y dejó una buena impresión en su presentación en España. 


En EEUU y en el Reino Unido, el movimiento de los skinheads irrumpió de la mano de hijos de los antiguos hippies: una subcultura fue la respuesta a la anterior. Afortunadamente, Clara, no optó por ese problemático camino. No hace falta que juzgue a su madre. Cuando dijo al presentar el documental: “no hay una receta para ser madre, ni una verdad absoluta sobre lo que es una buena o mala madre”, añadiendo “yo prefiero una estabilidad, darle a mi hija ese centro que yo no tuve”, es suficientemente clara.