domingo, 18 de junio de 2017

The Ranch 3 Season... Photogenia of the deep America in 2017


NOTES TO THE THIRD SEASON

On June 15, 2017, Netflix has released the third season of The Ranch. The season is somewhat weighed down as the main theme of the season ("Colt Bennet" [Ashton Kutcher]), makes an ex-girlfriend pregnant while dating a new girlfriend. , On the other hand, increase the data to show the dramatic situation of the cattle sector in the US The father and patriarch of the Bennett enters again in the market of the "divorced of gold", while the mother wants to get rid of the bar (in which, By the way, Conchata Farrell appears, whom we had not seen since the end of Two Men and a Half and Lou Diamond Philips, protagonist of La Bamba [1987]) and so on... 

In the ten episodes there are sufficient brushstrokes between jokes And joke to understand the situation of small towns and ranchers in the US of 2017. We summarize what the spectator will see dispersed throughout these ten installments:

1. Problem of alcoholism: with informality at work, risks of driving in drunkenness, fines and jail terms to the third infraction.

2. Specific livestock problems: an underpaid activity, progressively concentrated in the hands of large management companies, with a disproportionate effort for the few benefits obtained.

3. Children: they are shown as lazy to work, irresponsible, unable to comply with the rules of the companies that hire them. Those who leave the village and return are considered as failures. His irresponsible behavior has negative repercussions on his friends. They are not in a position to inherit the responsibilities entailed by the management of a ranch, neither own nor others.

4. Father figure: some single-parent families appear for generations in which there is no trace of any authority or paternal figure.

5. Health: not even having a good health insurance is a way to get rid of health expenses (simple ultrasound costs $ 250 that no insurance covers).

6. Grandparents must take care of their grandchildren as a result of irresponsibility and lack of maturity of the children.

7. Work in a supermarket: in the series appears a supermarket that mimics the famous and widespread Wallmarts in the USA. They pay little and workers take expired food home

8. Food: the Mediterranean diet is the object of laughs and girls thing, the man of the "deep America" ​​only eats meat, ribeye if possible.

9. Read books: it has become something strange, an object of mockery and excuse to perform some gags. "Colt Bennett" even consistently commits linguistic inaccuracies that are corrected by his girlfriend (High School teacher).

10. Behaviors: adult males, such as the "Bennett brothers" and other protagonists adopt children's behaviors.

11. And politics ?: The father is a Republican in earnest who boasts to have voted for Reagan, makes fun of "Hillary" (although he does not mention Trump) and his best kept secret is that he voted for Jimmy Carter in 1976.

12. Foreign products: mockery about Toyota users and defends the Ford and Chevrolet. France also receives some sting.

13. Women's Rights: Female profiles are extremely demanding in both grandmothers, mothers and daughters.

14. The secret of this series is that under the guise of a sitcom, in reality what we are witnessing is a tragedy: that of the end of the last independent ranchers, the death of a lifestyle that characterized during the century And half to the US and that starts from those prairies traveled by caravans and cattle and that does not resist the new time made of neoliberalism, globalization, mobile telephony and unavoidable networks.

All these are elements that can be scattered in the ten episodes of this third season and appear as winks, between joke and joke, and a situation that is far from ideal and, ultimately, shows a sector Of the American society in crisis that has massively lent its support to Donald Trump in the last elections ...

miércoles, 7 de junio de 2017

Ignacio de Loyola



Puede sorprender el que un biopic sobre un personaje español tenga nacionalidad filipina, pero las cosas se entienden mucho mejor, si se tiene en cuenta que buena parte del legado español en aquellas islas que estuvieron ligadas a nuestro país hasta hace 120 años, pasa por la Compañía de Jesús. Donde ha habido mucho, siempre queda algo y cabe preguntarse si hoy queda más de los jesuitas en aquellas islas que en su país de origen. De todas formas, vale la pena recordar desde el principio que los actores son en su mayoría españoles, aunque el equipo técnico es filipino. De sus directores, Paolo Dy y Cathy Azanza, no consta que se haya proyectado ninguna otra película en España. A ellos se debe también el guión.

En un biopic está claro lo que se pretenden: biografiar a un determinado personaje; en este caso Ignacio de Loyola, soldado y luego fundador de la Compañía de Jesús, una personalidad en cualquier caso atípica e interesante. A lo largo de su historia, los jesuitas han sido muy criticados: se ha visto en ellos algo así como el “brazo armado” del papado y, sin duda, algo hay de ello a tenor del origen militar de su fundador y del carácter castrense que quiso imprimir a su obra. No han faltado quienes han vinculado los jesuitas a la masonería, aunque los estudios más objetivos sobre la masonería hayan sido elaborados precisamente por ellos.

Fueron la bestia negra del anticlericalismo mediterráneo del siglo XIX y de la primera mitad del XX. Entraron en crisis y en disensiones interiores desde mediados de los 60 y hoy su influencia está muy disminuida, por mucho que el papa Francisco I sea uno de ellos. Se diría que su momento histórico ha pasado, pero justo es reconocer que durante un ciclo de quinientos años hayan sido una especie de élite de la Iglesia.

La existencia de la Compañía de Jesús es inseparable de dos elementos: la personalidad y las experiencias vitales de su fundador, Ignacio (Íñigo) de Loyola y la experiencia espiritual de sus ejercicios espirituales. Ambos elementos quedan notoriamente resaltados en esta película que, obviamente, ha sido inspirada por los propios jesuitas con objeto de encontrar un vehículo actualizado y moderno para transmitir a la sociedad lo que, seguramente, es su tesoro más preciado: los ejercicios espirituales.

No es, por supuesto, la primera vez que los jesuitas aparecen como tema de una película. De entre todas las órdenes religiosas, ellos son, seguramente, los más “fotogénicos”: los hemos visto protagonizando películas tan notables como La Misión (1986) y El Exorcista (1976) e, incluso, recientemente nos los hemos vuelto a encontrar en Silence (2016) de Martin Scorsese, película en la que su protagonista, Andrew Gardfield, quedó impresionado por los ejercicios espirituales creados por San Ignacio. Sin embargo, nuestra memoria solamente alcanza a recordar una película española sobre el fundador de los jesuitas, El capitán de Loyola (1948), dirigida por José Díaz Morales y en cuyo guión participó el muy notable José María Pemán. Demasiado retórica y grandilocuente para poder ser apreciada en el siglo XXI, le ocurría como al resto de películas sobre temática religiosa que se filmaron en aquellos años (Balarrasa [1950], La Señora de Fátima [1951], Sor Intrépida [1952], La guerra de Dios [1953], El beso de Judas [1954] y un larguísimo etcétera): utilizaban otro lenguaje cinematográfico incomprensible para el público actual.

Esto no ocurre en absoluto con Ignacio de Loyola a la que, sobre todo, encontramos dos méritos: en primer lugar, los actores que han participado se han esforzado y han conseguido representaciones convincentes, alejadas de la mediocridad característica de nuestra cinematografía (en la que, incluso, cuesta encontrar actores capaces de modular bien el lenguaje y hacerse entender) y el segundo es que nos demuestra que con un presupuesto limitado se pueden realizar productos dignos y entretenidos. Dejando aparte que la intencionalidad de la serie es promocionar la figura de San Ignacio de la Loyola, de la Compañía de Jesús y de sus ejercicios espirituales, la película está bien realizada, correctamente interpretada, ciertamente inyectando un poco más de presupuesto se habrían obtenido efectos especiales más redondeados, pero al resultado final de la cinta es globalmente positivo y es una cinta que nos puede enseñar mucho sobre el arranque histórico de la orden fundada por aquel joven soldado del siglo de vuelta de todo y cuya voluntad creó un formidable espiritual y una poderosa estructura que durante siglos ha constituido uno de los puntales más sólidos de la Iglesia.

Andreas Muñoz, ocupa el papel protagonista. Es uno de esos actores que empezó trabajando muy joven (con apenas 9 años participó en el rodaje de El espinazo del diablo, 2000) y que se ha preocupado de dotarse de una sólida formación dramática en la Escuela Superior de Arte Dramático y en el Royal Conservatoire of Scotland. Aquí realiza una buena recreación del personaje. Hay que decir que la película se filmó en inglés –lengua que Muñoz habla perfectamente- a pesar de que las localizaciones estaban situadas en Navarra.


La película no es una biografía completa del personaje. Termina cuando el futuro San Ignacio sale libre del juicio al que le ha sometido la Inquisición –precisamente por sus ejercicios espirituales- y marcha a París para completar sus estudios.  Es uno de esos raros “productos culturales” que, sea cual sea nuestra posición ante la religión, contribuyen a aumentar nuestro bagaje cultural. Lo que no es poco en los tiempos que corren.

jueves, 25 de mayo de 2017

Piratas del Caribe... La venganza de Salazar


Tiene gracia que el 25 de mayo de 2017, cuando se cumple el 175 aniversario de la muerte de José de Espronceda, el poeta romántico que compuso la célebre Canción del pirata, se estrene la quinta pieza de la franquicia Piratas del Caribe: la venganza de Salazar. “Salazar”, por cierto, es Javier Bardem. 

Pocas películas gustaron tanto a una generación como Piratas del Caribe: en La maldición de la Perla Negra (2003), vimos la genial combinación de Johnny Depp (capitán Sparrow), con Geofrey Rush (“capitán Barbosa”), secundados por Keira Knightley (“Elizabeth Swan”) y Orlando Bloom (“Will Turner”). La cinta, dirigida por Gore Verbinsky no tenía un minuto superfluo y el guión era un verdadero cuento para mayores. El éxito se mantuvo en El cofre del hombre muerto (2006); la sorpresa fue menor porque ya todos conocíamos los gestos del “capitán Sparrow”, pero la presencia del Kraken, del padre de “Will Turner” y del Holandés Herrante con su “capitán Jones” (Bill Nighy) eran suficientemente gratificantes para compensar el que fuera segunda parte de una película brillante. Cuando llegó En el fin del mundo (2006), reconocimos que estaba bien aquello de la isla de los piratas, pero que faltaba algo de intensidad a la trama y los efectos especiales no podían compensar el hecho de que los precedentes eran demasiado buenos como para mantener el mismo nivel. Y llegó la cuarta entrega cinco años después En mareas misteriosas (2011), con el valor añadido de que actuaba Penélope Cruz en el papel de “Angélica Teach”, hija de un pirata temerario y cruel, digno rival del “capitán Sparrow” en su búsqueda de la eterna juventud. Un verdadero desastre la película no se sostenía por ningún sitio y resultó ampliamente decepcionante hasta el punto de que podía pensarse que la saga había terminado con ella y de mala manera.

Así que cuando se anunció La venganza de Salazar, temimos que fuera una de esas películas alimentarias cuyo único activo era la referencia a una saga con un inicio brillante, una segunda parte aceptable, la tercera discreta y la cuarta catastrófica. Además, la curva de pérdida de interés había franqueado el límite de lo alarmante en la cuarta entrega, así que la quinta corría el riesgo de ser, simplemente, infumable. Y, sin embargo, ha resultado todo lo contrario. La serie ha resucitado, sino hasta el nivel de calidad de la primera entrega, sí al menos al paso con la segunda. Lo que no es poco.

¿Qué se nos narra? La persecución que la despiadada tripulación del “capitán Salazar” (Javier Bardem) compuesta por marineros fantasmas, inician la persecución del “capitán Sparrow”, el cual solamente puede sobrevivir si encuentra el “Tridente de Poseidón” ayudado por los nuevos amigos de circunstancias que aparecen en esta entrega. Repiten Deep y Bush. Se estrenan en la saga Barbem, Kaya Scodelario y Brenton Thwaites. Vuelven Bloom y la Knightley. Y, oh sorpresa, el modelado en 3D nos permite ver a un Jonny Deep, con treinta años menos… Un enigma: en la película aparece Paul McCartney ¿será usted capaz de situarlo? Bardem hace de fantasma confirmando su especialización en papeles de “maldito”; su interpretación está bien aprovechada y el personaje que encarna se hace, sino creíble, si necesario para la trama e incluso guapetón en algunos momentos, algo increíble que lo diga yo. 

El conjunto es agradable: todos sabemos que sin la edición digital y los efectos especiales esta película jamás hubiera sido posible; todos sabemos que vamos a asistir a una efusión de fantasía visual. Gráficamente, la película es un festival visual con un ritmo narrativo que no decae a lo largo de las más de dos horas de metraje. No es una película para tomársela en serio: es una fantasía y si se pierde ese elemento central, no pierde la perspectiva desde la que conviene verla. Es, eso sí, una fantasía bien construía y satisfactoria. 

Da la sensación de que los directores han querido viajar al origen de la saga y han hecho todo lo posible por remitirse a ella, empezando por la espectacular música, la estética y la simplicidad efectista de la narración. Hay películas que merecen ser calificadas de “familiares”: las pueden ver miembros de la familia de todas las edades y seguramente, todos ellos, les gustará lo que ven, aunque sea por razones bien diferentes. Es el rasgo que desde el principio supieron imprimir los estudios Disney (aunque no siempre esté presente en sus producciones).  Uno de los temas de esta película además, es la búsqueda del padre (Turner) por parte de su hijo Henry y salvarlo de su maldición.

¿Es La venganza de Salazar el principio de un reverdecimiento de la saga? Parece complicado. El hecho de que el resultado final de la quinta entrega haya sido bueno, no quiere decir que pueda irse mucho más allá de donde ha llegado: podemos decir que con esta entrega se ha llegado a un límite, más allá del cual costará encontrar una temática que sea aceptable para el público. 

En su conjunto, la saga Piratas del Caribe registra una sobredosis de fantasía, que imposibilita ir mucho más allá, salvo que se quiera caer en lo paródico o que una nueva generación de efectos especiales permita nuevos alardes hoy todavía impensables (de hecho, en esta, hemos visto como el tiburón zombi y el barco fantasma constituían efectos inéditos hasta ahora, pero… ¿es posible crear más y más efectos sin que el argumento desmerezca y sin que los personajes se desgasten? Por nuestra parte, ésta quinta entrega ha constituido un digno final que ha resituado a la saga en niveles aceptables superiores a la tercera y a la cuarta entrega y casi mejor dejarla con este buen recuerdo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Amazona de Valerie Meikle... lo que tienen que sufrir los hijos de los hippies


Hasta no hace mucho la mujer no se realizaba en ella misma, sino mediante su entrega a otro: a su compañero o a su hijo. Y en el primer caso, a su amante o a su marido. Tal era la concepción del rol social de la mujer desde el neolítico hasta mediados del siglo XX. Parece normal que algunas mujeres no se conformaran con este destino y quisieran volar solas, sin la tutela del varón o considerando que su compromiso con los hijos terminaba cuando estos empezaban a valerse por sí mismos.

Una de esas mujeres fue Valerie Meikle, una inglesa nacida en 1937 que llegó a Colombia en 1960 para unirse con un abogado con el que tuvo dos hijas. Luego se separó, volvió a Inglaterra, se unió a una comuna hippie de las que entonces proliferaban en cada esquina y conoció al que sería su segundo marido con el que tuvo un par de hijos más. Una de ellas se llamó Clara. Cuando tenía Clara once años, su madre volvió y se instaló en pleno Amazonas. La misma Clara, ahora Clare Weiskopf, que ahora nos presente este documental. 

La decisión de Valeria Meikle (Val) se debió a la muerte de su hija mayor, producto de su primer matrimonio, en la erupción del volcán Nevado del Ruiz en Armero. A partir de ahí decidió superar su dolor en la selva colombiana, dejando a sus otros hijos. El tiempo ha pasado, la euforia de los 60, la tragedia de los 80, los años de reflexión y formación, todo eso queda atrás y hoy es un buen motivo para reflexionar, especialmente porque Clara se casó con Nicolás van Hemelryck, director del documental, está embarazada y decide ir a encontrar a su madre en la selva.

El director y la que, en la práctica es co-directora del documental, han procurado evitar realizar juicios de valor sobre la actitud de la madre. No hacía falta: estos quedan al arbitrio del público. Y las reacciones pueden ser de todos los gustos. Hay que elogiar a los promotores del documental que no quieran imponer su criterio y se limiten a plantear el problema. En el documental se observa cierta duplicidad en la actitud de la hija en relación a la madre: por un lado la admira, pero por otro no puede evitar reprocharle el que se hubiera ido. En realidad, Val, es lo opuesto a ese tipo de madres que enclaustran al hijo, lo someten a su protección por tiempo indefinido y cuando este acaba de cumplir los cincuenta siguen hablando de él como del “nene”. Seguramente, el modelo que todos hubiéramos deseado es el de una madre lo suficientemente próxima como para contar con ella cuando lo hubiéramos necesitado, pero no tan próxima como para asfixiarnos. Es como el Sol: demasiado cerca, quema; cuando se va aparece el frío y la noche.

Si puede calificarse a Valerie Meikle de algo, es de hippie. Fue hippie en los años en los que era una moda y siguió siéndolo cuando la moda declinó. El período hippie marcó su vida. Los que en su época fuimos escépticos respecto a este fenómeno, seguimos siéndolo medio siglo después. Se dijo que el hipismo fue una “filosofía”. En realidad, eso sería decir mucho: el hipismo fue una subcultura que derivó directamente de la psicodelia. La visión hippie de la vida, no derivó de unos principios a los que se hubiera llegado mediante el razonamiento lógico y una serie de premisas y reflexiones encadenadas, sino que surgió de manera intuitiva de estados alterados de conciencia por las volutas de la mariguana y, en menor medida, del LSD. No fue otra cosa. La filosofía hippie tenía de profunda lo que alcanzaba el alcaloide de la mariguana. Si uno no había quedado muy intoxicado por el alcaloide o un buen día dejaba de consumirlo, la vida hippie dejaba de tener sentido. De lo contrario, se persistía como lo que es hoy, un arcaísmo. También existieron los que habían permanecido tanto tiempo como hippies que ya no sabían ser otra cosa más que hippies. El caso de Valerie parece ser uno de estos.

Hoy, Valerie vive en mitad de la selva, un lugar no particularmente agradable; tiene 80 años. Su vida es extraña y anómala en relación, incluso a los de su generación o a los que como ella sintieron la atracción del hipismo a finales de los 60. De hecho, cuando ocurrieron los asesinatos cometidos por la “familia Manson” (9 de agosto de 1969), el fenómeno hippie periclitó para siempre, dejó de ser una moda para convertirse en un recuerdo, a veces idealizado, demonizado para otros, pero algo que quedaba descarrilado del tiempo. Quienes no lo advirtieron –como Val- se quedaron encallados intentando justificar su vida en función de ideales de liberación de la mujer, o de cualquier otra doctrina que cabalgara con la moda.

Clara y su marido, que se habían formado cinematográficamente en la prestigiosa Escuela de cine de Cuba, decidieron realizar este documental que, aspira a ser algo más que la traslación en un verdadero drama/epopeya familiar. El documental no deja indiferente a nadie: nos obliga a tomar partido, a comprender la actitud de la madre y sus justificaciones o a hacer un esfuerzo por aproximarnos a los puntos de vista de la hija. La película es cualquier cosa menos una terapia personal de madre e hija. Invita a la reflexión y, para ello, nos presenta filmaciones en super 8 de los años 70. La película se financió mediante crowfunding personal.  Amazona, ganó el premio del público en el Festival de cine de Cartagena y dejó una buena impresión en su presentación en España. 


En EEUU y en el Reino Unido, el movimiento de los skinheads irrumpió de la mano de hijos de los antiguos hippies: una subcultura fue la respuesta a la anterior. Afortunadamente, Clara, no optó por ese problemático camino. No hace falta que juzgue a su madre. Cuando dijo al presentar el documental: “no hay una receta para ser madre, ni una verdad absoluta sobre lo que es una buena o mala madre”, añadiendo “yo prefiero una estabilidad, darle a mi hija ese centro que yo no tuve”, es suficientemente clara. 

jueves, 18 de mayo de 2017

Entrevista breve a Clare Weiskopf, directora de Amazona


Amazona, inaugura la una nueva edición del festival de cine documental DocsBarcelona. Es la historia de una hippie, Valerie Meikle, escritora, viajera, maestra de reiki, artesana y música, que nació en Inglaterra en 1937 y llegó a Colombia en 1960 por su relación con el abogado Alberto Guarnizo.

El documental Amazona, nos muestra el recorrido solitario de la vida de Valerie Meikle. Amazona nos habla de una intrépida hippie que en los años 60 y con casi 23 años llegó a Colombia por amor. Su hija Clare es la encargada del retrato familiar.

 “Lo más importante en la vida de uno es la vida de uno –afirma Valerie–. Ser mamá es más difícil en ese sentido porque muchas veces uno sacrifica… pero hay cosas que no se pueden sacrificar. ¿De qué sirve ser mamá y ser una mujer sacrificada?” 

... en un momento del metraje Valerie cuestiona a Clare: ¿Porqué quieres hacer la película? ¿Quizás quieres entender la relación que tenemos las dos...?

El documental nos aproxima a una hija que necesita la terapia purificadora de la creación de un documental, exponiendo el dolor del abandono en su vida por la mujer que más ama y admira, su madre.  




Entrevista breve a la directora Clare Weiskopf del documental Amazona.

En Roma el peor castigo que podía recibir un ser humano no era la muerte sino el destierro del hogar.

Amor DiBó:  A mi me ha impactado la tranquilidad con la cual Valerie habla de lo que es la vida... y que realmente no tenemos ó no deberíamos ser jueces. Ni los propios hijos tendríamos que ser jueces de nuestros padres. 

Me ha parecido muy interesante el alcance de sus palabras recordándonos que la vida hay que vivirla, los errores están ahí, y son los que nos hacen crecer. El tema del sacrificio tan unido al concepto de la madre. Los deberes de que somos libres y tenemos que defenderlo.

El metraje que le dedicas a tu hermano y a ti me parece interesante exponer vuestras vidas de damnificados con culpas, responsabilidades y quejas como si en ningún momento hubiera surgido la oportunidad de la comunicación. 

Decantas el argumento hacia esa carencia cuando en realidad habéis tenido unas posibilidades muy interesantes. 

La fuerza de sus argumentos ante el sacrificio de una vida por otra son de una claridad y una lógica demoledora que desestabiliza la seguridad con la que vivimos en nuestras zonas de confort.  

Clare Weiskopf

Por primera vez la vi como madre cuando tuve a mi hija. Sobre todo en los momentos que se relaciona con ella. Siempre la admiré y la admiro muchísimo como la persona que es. 

Como Valerie madre tuve muchas ausencias, lo que dices tu es muy importante, hay muchas experiencias que eran fuera de lo común y eso es lo que hicieron que fuera lo que soy hoy... resulta muy difícil de juzgar porque también hay cosas muy valiosas. 

Siempre estoy entre las ausencias y lo que te da. Al final los hijos siempre vamos a juzgar a nuestros padres sean lo que sean. No hay una receta. No hay una buena o mala madre, es muy difícil poner en palabras. Simplemente es así vida ... como dice mi mama: la vida está llena de momentos y uno cree que está haciendo lo que mejor puede.

Un pensamiento de última hora: 

¿Los héroes nos hacen sombra y no nos dejan crecer?. 

miércoles, 17 de mayo de 2017

Los dos “últimos de Filipinas”: 1945 y 2016


Los hechos históricos son lo que son. Otra cosa es cómo se interpreten en cada momento. Y aquí, los hechos históricos nos dicen que una pequeña guarnición española en Baler, un extremo olvidado de Luzón, resistió hasta más allá de firmarse los acuerdos de París (por los que las islas Filipinas pasaban a manos de EEUU a cambio de 20 millones de pesetas). Esto es todo. La resistencia más allá del deber, le valió al jefe de la guarnición la Cruz Laureada de San Fernando. Eso es todo. Como siempre, la realidad no es blanca ni negra, todo depende de la época y, consiguientemente, de la óptima con que se interpreta. Es así que dos películas, una filmada en 1945 y otra en 2016, es decir, a 47 y 119 años de los hechos, y separadas entre sí por 71 años, partiendo del mismo texto original –el libro escrito por el teniente Martín Cerezo-dan como resultado dos cintas de orientación completamente diferente y sobre las que vale la pena reflexionar.

Es sorprendente que, además del relato original, exista un nexo de unión entre ambas cintas: la famosa “habanera de los últimos de Filipinas” compuesta en 1945  con letra de Enrique Llovet y música de Jorge Halpern. Es una tagala la que canta la habanera y en ambas versiones la letra es la misma, pero si en la película de 1945, Tala, la filipina, está enamorada de un español y quiere venir a España, en la de 2016, es una prostituta que trabaja para el Katipunan, la sociedad secreta masónica que estaba detrás de la lucha por la independencia de aquellas islas. 

El canto de la habanera por parte de Tala, en la película de 1945 es un canto a la esperanza (“Y así sabrás, por qué mi canción te llama sin cesar”), un grito para que no se pierda un amor (“No me abandones nunca al al anochecer, que la luna sale tarde y me puedo perder”), la definición de un estado de ánimo (“Mi sangre latiendo, ni vida pidiendo que tú no te alejes más”) y la constatación de una carencia (“me falta tu risa, me faltan tus besos, me falta tu despertar”)… Sin embargo, en la versión de 2016, esta misma canción, con la misma letra, se convierte en una provocación hasta el punto de que el teniente dispara y mata a la prostituta tagala después de que esta muestre tanto sus encantos naturales como su canto. Resulta curioso constatar que el canto y la muerte están también presentes en la versión de 1945, pero no es la tagala quien recibe el disparo fatal, sino el soldado que habitualmente anima a sus compañeros con soleares o seguidillas quien ve interrumpido su quejío.

Si esta es la diferencia más llamativa entre ambas cintas, hay tras que merecen ser igualmente reseñadas. El papel del fraile, por ejemplo, es completamente diferente. El que aparece en la película de 1945 es el típico misionero español que vimos en tantas cintas de la época. De aspecto austero y etéreo, a un paso de la santidad, su mirada ve más allá del futuro y admite que aunque algún día deban retirarse de Baler, “España habrá dejado allí la fe y el idioma”. Sin embargo, en la versión de 2016, el fraile es, literalmente, un colgao que gusta ponerse hasta las trancas con una pipa de opio traída de China, papel que corresponde a Karra Elejalde (muy en sintonía con su participación protagonista en Año Mariano (2000). Este fraile ni cree en su hábito, ni en su religión, ni en su misión civilizadora, ni en otra cosa que no sea el latigazo de opio.

En cuanto al capitán de la guarnición que muere durante el asedio, la versión de postguerra nos los presenta como un verdadero héroe, un militar consciente de su obligación y de su responsabilidad en el mando. La versión reciente hace, sin embargo, de él, un perfecto idiota acompañado permanentemente de un perrito y muestra de las peores cualidades del militar con mentalidad funcionarial. 

Otra diferencia más. Hay un episodio que aparece en la versión de 2016 pero está ausente en la de postguerra, a pesar de aparecer en el libro de memorias del teniente Martín Cerezo: el fusilamiento de dos desertores en los últimos días del asedio. En efecto, en 1945 se trataba de exaltar al ejército y eliminar todos aquellos elementos que pudieran hacer criticable a la cinta por su dureza, mientras que setenta años después, el libro de memorias del protagonista ofrece un resquicio para filtrar un alegato antimilitarista. Difícilmente una sociedad que lo ignora todo sobre las fuerzas armadas y lo que implica el código militar puede valorar en su justa medida lo que no fue más que la aplicación de las ordenanzas militares en tiempo de guerra. Martín Cerezo, tenía la conciencia limpia por estos fusilamientos y, por eso, no tuvo reparos en recordarlos en su memoria histórica: en la postguerra se prefirió ignorar el asunto, hoy se destacan para acentuar el carácter pacifista de la cinta.

El sargento superviviente del primer asedio protagonizado por Javier Gutierrez, vale la pena recordar que es un personaje surgido de la nada y, por tanto, está ausente en la versión de 1945, sin embargo, adquiere un protagonismo central en la de 2016: no concibe otra ley que matar al enemigo, odia por lo que han hecho a los suyos y ese odio le lleva a comportarse como un verdadero psicópata. En ninguno de los tres documentos que narran todo lo que sucedió en aquel largo asedio en Baler, aparece nadie que tenga sus características. 

Vale la pena recordar también el papel de los norteamericanos. En 1945, España podía recordar que el Tratado de París que puso fin a la guerra hispanoamericana, aproximó a ambos países. En 1945, al término de las Segunda Guerra Mundial, la supervivencia del régimen de Franco, dependía, precisamente, de la actitud que tomaran los norteamericanos. Aparecen en la película pero como “liberadores” golpeados por el Katipunán cuyos marines mueren al desembarcar. En la película de 2016, en cambio, solamente aparecen los cadáveres de los norteamericanos de los que los filipinos resaltan que ahora luchan contra ellos. Si en la primera versión, los protagonistas muestran “comprensión” por los deseos de independencia de los filipinos, en la reciente este elemento está ausente por completo. Los pocos datos históricos que ofrece la trama nos pintan la lucha del Katipunán en clave de “liberación nacional”, primero contra españoles y luego contra estadounidenses. Si en la primera, los oficiales norteamericanos al ver la guarnición de Baler exclaman “vamos a liberar a esos valientes”, en la reciente aparecen solamente como cadáveres o como nuevos invasores. 

Sobre el Katipunán, resulta sorprendente que la versión de 1945, realizada en unos momentos en los que todavía se realizaban juicios por haber pertenecido a la masonería, no se aluda ni a su carácter masónica, ni siquiera aparezca ninguna referencia a los instigadores de la independencia filipinas que no fue más que una masonería autóctona (nosotros mismos hemos visto el mandil de cuero de Aguinaldo, el líder independentista, exactamente igual a los mandiles masónicos… pero es que la masonería, hasta hace poco, solamente admitía a “gentes libres y de buena costumbres” y los nativos de Filipinas, como los negros norteamericanos, no tenían este título. Sin embargo, la versión de 2016 menciona al Katipunán y muestra su bandera (con las tres “K”).

En 1945 se trataba de realizar una cinta patriótica. Al oír el mero nombre de “España”, hasta los moribundos que están en la enfermería sacan fuerzas de flaqueza y se incorporan. En la película de 2016, en cambio, España” es un recuerdo lejano que no existe casi como entidad nacional, sino más bien algo que cada uno considera a su estilo y le atribuye un valor diferente: vemos entre los soldados al patriota, al que aspira cumplir con su deber, al escéptico, al timorato, al nostálgico y al oficial que identifica España con el reglamento y las ordenanzas. 

Un aspecto a destacar en la versión reciente de Los últimos de Filipinas es la crítica que se realiza al gobierno y a las autoridades militares de la época y que llevaron a la destrucción de la escuadra en Cavite y a una dirección catastrófica del conflicto. La crítica es justa (como el recordatorio de que por 2.000 pesetas, al alcance de la burguesía y de la aristocracia, pero no de las clases populares, se podía evitar ir al servicio militar) e incluso bastante justificada, pero lo significativo es que está crítica está completamente ausente de la versión de 1945. El motivo está claro: en 1945 se trataba de no cuestionar la estructura del poder, ni erosionar de ninguna manera a las fuerzas armadas. 

Ambas películas tienen, eso sí, un lugar común: pertenecen al género bélico y, en tanto que tales, deben registrar la escenificación de combates, muertos, cargas a la bayoneta, cañonazos, disparos y el consabido grito de “¡cubran ese flanco!”… En realidad, de los documentos históricos que se poseen, resulta que hubo muchos menos tiros y muertos de lo que cabría pensar (parece que solamente murieron dos soldados españoles en combate y diecisiete por el beriberi) y en el primer asalto a la guarnición (episodio que se menciona pero que no aparece dramatizado en la cinta de 1945), tan solo se produjeron media docena de bajas sobre 50 soldados y no la masacre que aparece en la versión de 2016, a fin de cargar las tintas y justificar el odio homicida del sargento protagonizado por Javier Gutiérrez.

Ambas películas difieren extraordinariamente en muchos otros aspectos (incluidos los uniformes y la arquitectura de la iglesuela de Baler). Nos muestran ampliamente el “zeitgeist” de cada época: esto es, su espíritu. Ninguna de las dos películas es completamente fiel a la verdad histórica, pero ambas la interpretan a conveniencia y según la óptica del momento en el que fueron rodadas. Momentos de exaltación patriótica en 1945 (la tagala, por cierto, se va tras el desfile del contingente español con armas al hombro), momentos de humanismo pacifista y universalista en 2016. Clave patriótica y clave humanitarista, una y otra. La guerra como exaltación del deber patriótico y la guerra como masacre absurda y sin sentido. 

Resulta inútil decantarse por una o por otra versión. Ambas, desde el punto de vista técnico, son incomparables: cada una es deudora de su tiempo y registra la presencia de actores excelentes de cada época. Pero una película en blanco y negro, filmada hace 71 años, difícilmente podría competir con una película en color que ha utilizado desde drones hasta retoques digitales. Ambas películas, cada una en su época, merecerían una calificación muy similar. Los tiempos cambian y los defensores de Baler seguramente estuvieron más cerca de la versión de 1945 que de la de 2016. En realidad, España tiene un problema grave: no solamente existen “dos Españas”, sino, a lo que parece, “dos tiempos”: la película de 2016 parece haberse fijado como objetivo desmitificar y ser el reflejo especular de la versión de 1945. 

Una película de este tipo hubiera debido contar con el asesoramiento de historiadores y sociólogos, civiles y militares. Resulta imposible entender una época (1898) con los valores que se tenían en 1945 o con que se tienen ahora. Y éste, a fin de cuentas, es el problema de estas dos películas. Después de ver las dos, a uno le queda la duda de cómo fue el sitio de Baler y se queda, como siempre musitando la habanera.



Las Confesiones


Hay películas que parecen hechas para reflexionar. En Italia siempre se ha hecho un cine político aceptable, y esta película entraría dentro de esta catalogación. Hay símbolos, hay personajes que parecen la traslación de personajes reales y hay situaciones que tienen similitudes con lo que podemos percibir por las noticias. La película tiene algo de ingenuo y conspiranoico, pero plantea algunos problemas que, efectivamente constituyen enigmas de nuestro tiempo. 

Seamos claros: la democracia es pura ficción cuando el poder económico registra las mayores acumulaciones de capital de la historia y los políticos, como los medios de comunicación, no son más que empleados suyos. La democracia no llega a los centros verdaderos de decisión. Los destinos de los pueblos los mueven aquellos 200 hombres que en todo el mundo mueven los hilos, a los que aludieron Disraeli, el primer ministro inglés o Walter Rathenau, ministro de exteriores alemán que, por cierto, era una de ellos. Este es el verdadero problema y esta la gran mentira de nuestro tiempo: pensar que hay democracia solamente porque votamos cada cuatro años a políticos que inevitablemente nos decepcionarán, entre otras cosas, porque no son ellos los que tienen las claves del poder.

La película nos remite a una reunión de unos pocos privilegiados de la alta finanza en un apartado hotel alemán. Hay un par de invitados que desentonan, una escritora de cuentos y un monje que, a tenor de su hábito blanco, es cartujo: silencio, aislamiento, meditación, trabajo y oración. El resto son economistas poderosos presididos por “Daniel Roche, Director del Fondo Monetario Internacional”. Éste mantiene una conversación privada con el monje (de la que nos enteraremos mediante flash-backs a lo largo de la película) y ambos quedan ligados por el secreto de confesión. Acto seguido, se suicida. La asamblea de economistas queda en estado de shock: en efecto, deberían de haber aprobado un plan de medidas para revitalizar la economía mundial que hubieran causado convulsiones y sufrimientos entre sectores de la población. Y hasta aquí es posible contar la trama.

La película plantea algunas cuestiones: ¿es moral el negocio bancario? Pregunta ociosa, porque todos sabemos que no, empezando por los banqueros de los que se cuenta un chiste gracioso en el comienzo de la trama: ¿Qué corazón desearías que te trasplantasen? ¿el de un joven que aguantará mucho tiempo? No. ¿El de un adulto que tiene mucha experiencia? Tampoco. ¿El de un banquero de 70 años? Sí, ese porque ha sido poco usado… 
Segunda cuestión: ¿es consciente un banquero del valor del dinero? O dicho de otra manera: sabemos lo que son 20, 50, 100 y 6.000 euros, pero ¿es posible hacerse una idea de lo que puede suponer, por ejemplo, 3.000 millones de euros? El director del FMI, cuando le ofrecieron un Cezane no catalogado y le pidieron una cantidad exorbitante, cayó en la cuenta de este problema. De ahí que invitara al monje a la reunión: al haber hecho voto de pobreza, era imposible comprarlo o cuantificar su valor. El monje, por lo demás, antes de serlo, había sido matemático (Pitágoras decía que la matemática era la única forma de acercarse a los dioses y entender el mundo). 

Tercera cuestión: la economía mundial ha entrado en un estadio de “incontrolabilidad” y se guía por un principio de incertidumbre que lo aproxima también al objeto de estudio de los teólogos. El nuevo dios de los economistas es el dinero y, de la misma forma que el mundo estuvo en otro tiempo en manos de Dios, hoy lo está de los diosecillos de la economía. A veces, Dios tiene que recurrir a destrucciones (Sodoma, Gomorra, las destrucciones del Templo de Jerusalén, de la Babilonia del Apocalipsis) para regenerar el mundo. Análogamente, los economistas, para regenerar la economía tienen que destruir sectores de la misma, a veces, mediante una guerra que provocará una concentración económica, tanto para el esfuerzo bélico como para la reconstrucción de las zonas destruidas (inevitable recordar que de la crisis de 1929 solamente se salió doce años después cuando los EEUU entraron en guerra), en otras mediante reconversiones económicas o deslocalizaciones inmisericores que enriquecen a unas zonas y devastan a otras, especialmente a las clases populares. El círculo reunido en aquel hotel alemán se enfrenta a una de estas decisiones: quemar una parte del bosque económico para regenerar el resto. Una fórmula matemática entregada por el director del FMI al cartujo descodifica las operaciones necesarias para realizar ese “reajuste” que generará riqueza a costa de dolor y lágrimas de millones de seres humanos.

Un símbolo: el del perro de presa propiedad del anfitrión alemán que irrumpe en la reunión y asusta a todos los presentes, incluido a su propietario, no así al sacerdote. Es un viejo símbolo medieval: el perro como símbolo de los bajos instintos y las pasiones incontrolables que mueven a los seres humanos, los gobiernan y hacen de ellos sus servidores. Sólo aquel que no posee nada suyo, salvo el distanciamiento y la serenidad interior, puede gobernarlo. Y un interrogante: ¿la fiereza del capital puede someterse a la piedad?  

Un mensaje: no basta con que, “el banquero”, de tanto en tanto, se sienta humano e incluso que se arrepienta de sus tropelías. En tanto que hombre, antes o después, morirá. Si cree en Dios –que es mucho creer para un banquero que solo cree en la cuenta de beneficios- cuando sienta cerca la muerte, buscará el perdón. Pero solamente él –y si hay un Dios en los cielos, también él- sabrá si su arrepentimiento es auténtico o una simple muestra de oportunismo. En ese caso, por infinita que sea la misericordia de Dios, de nada servirá.

Hay, pues, algo de ingenuo y de profundo en esta película a ratos desconcertante y de un género que no se ve habitualmente. La crítica la ha elogiado y, de momento, ha recopilado varias nominaciones a los premios David di Donatello edición de 2017 y, de momento, ya se ha llevado un premio a la mejor fotografía en los Nastri di Argento, así como dos nominaciones al mejor director y a la mejor banda sonora. 

Toni Servillo, en el papel del monje “Roberto Salus” hace un papel antológico y encarna la serenidad y estabilidad interior de un cartujo. Daniel Auteuil, como “Daniel Roché, director del FMI”, creíble y comedido. El peso de la película recae sobre Servillo que, una vez más demuestra estar a la altura del desafío. 

La película encierra momentos de una indudable belleza estética y otros de alta calidad en los diálogos y oportunidad en los símbolos. Vale la pena recordar que en todo el mundo, actualmente, no hay más que 370 monjes cartujos en todo el mundo. Banqueros y financieros con peso decisorio en cuestiones mundiales no habrá muchos más. 


¿La debilidad de la película? Pensar que hay esperanza y que el perro, finalmente, se irá con el cartujo. Hubiera sido mucho más realista que perro y banqueros se devoraran unos a otros. Poca esperanza podemos tener de que haya banqueros con corazón en el pecho, créanme. ¿Entienden por qué al principio decíamos que esta película tenía algo de ingenuo?

sábado, 6 de mayo de 2017

Entrevista a Jarmo Lampela, director de Alma de Sant Pere


Ha tenido lugar el estreno de la película ALMA DE SANT PERE en la FilmoTeca de Catalunya el viernes 5 de mayo.

En la presentación de la película Alma de Sant Pere nos recuerdan que:  

Las personas que están ahora en el Gobierno de Catalunya llevaron a acabo el documental “La Plataforma” en el que Ada Colau y Adrià Alemany explicaban la historia, lucha y reivindicaciones de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca.  
Este documental de hace 5 años, los protagonistas,  ahora están en el gobierno. Se ocupan de gestionar la ciudad de Barcelona y son los que tienen la responsabilidad de resolver los problemas de la vivienda y de la explosión de los precios inmobiliarios que hacen de la ciudad de Barcelona imposible de encontrar una vivienda básica, hoy convertida en ciudad para millones de turistas. 

A veces es más fácil tener consignas tener ideas que no llevarlas a la práctica. La realidad es muy tozuda, muy dura y nos obliga a decepcionarnos… nos hace malas jugadas.


Entrevista al director Jarmo Lampela

Finlandia está en el otro extremo de Europa ¿cómo fue que se fijó en Barcelona para realizar esta película?

Tengo una relación bastante larga con Barcelona, tenía 18 años cuando viaje por primera vez con InteRail en 1982. A partir de ese momento he vuelto a Barcelona muchas veces. Estoy viviendo aquí desde finales de los 90. Conocí a Diego de León que es el productor en GPS.

También tenía la idea de vivir en Barcelona con mi mujer y buscar un apartamento, encontramos uno muy bueno pero el precio era desorbitado, muy loco, muy muy caro. Tengo unos amigos finlandeses que han vivido aquí. 

¿Está enamorado de Barcelona?

Soy Barcelonista. 

Me ha hecho gracia la película  porque el personaje de Alma trabaja y se interesa por el tema inmobiliario y al final apuesta por ser una especuladora inmobiliaria. El proyecto que hace con sus amigos es de especulación lo curioso es que a medida que avanza el proyecto… se parece a pescador que tuviera escrúpulos de matar a los peces.

La película plantea la pregunta de cuando tienes 30 años y has tenido tiempo para alcanzar tu profesión, con una vida más o menos en orden, con grandes sueños. Para  mi es una historia de valores reales. Existe una crisis de valoración y se tiene la necesidad y las prisas por apostar hacia otras metas.

A partir de 1997 España se volvió loca con la especulación inmobiliaria durante los diez años siguientes.

En Finlandia también, un poco diferente pero en el 2008 la gente se encontró sin trabajo por años y también vimos la corrupción como en España.
También recuerdo una conversación con un  amigo finlandés que tiene un apartamento en la Barceloneta y me comentó que era un buen momento para comprar 3 ó 4 pisos, renovar y vender.

Era una atmósfera donde todo el mundo estaba contagiado, contaminado con esta energía. Las personas, empresas, bancos, notarios, administradores de fincas,  había una nube de euforia. Los bancos concedían préstamos al 80% incluso al 100%.

Es un tema universal

Ud. ha pasado por encima este tema en la película… ha hecho más una película personal. 

Si para mi es una pregunta muy individual, no es tanto una pregunta de grandes bancos, sino una decisión de una persona normal que se pregunta ¿Qué puedo hacer? ¿Puedo empezar este loco proyecto? ¿Estoy contento con mi vida? 

Una última pregunta… ¿Al final ha conseguido comprar su piso en Barcelona?

No. Por mi trabajo estoy de un lado para otro con proyectos. 

Empezaremos otro proyecto aquí en noviembre en Barcelona. Actualmente estoy trabajando con TV3 y con Imagina Mediapro y también con la Televisión Nacional de Finlandia 



Biografía de Jarmo Lampela 

Jarmo Lampela se graduó en la  ELO Film School de Helsinki en 1992. Después de su graduación  estuvo trabajando como director freelance y guionista en películas, televisión y producciones teatrales.

Ha dirigido 9 largometrajes de ficción, diferentes cortometrajes, documentales y más de 60 capítulos de series de televisión. Ha trabajado también en múltiples compañías de teatro como autor y director.

Jarmo fundó la compañía  Lasihelmi Filmi production junto con el cámara Harri Räty (1994-2010) y fundó Vegetarian Films después. Ha sido productor ejecutivo de 5 largometrajes, diferentes cortos y dos series de televisión. 
Jarmo Lampela comenzó como profesor en la ELO Film School de Helsinki en 2001 y en 2007 llegó a profesor de dirección.

En junio de  2008 empezó a trabajar como subdirector del departamento de largometrajes, televisión y diseño de producción. A principios de 2010 fue elegido jefe de departamento. Como tal, Jarmo Lampela lideró el proceso de reforma del plan de estudios en la escuela. Ha sido también muy activo en la proyección internacional de la ELO Film School de Helsinki. Ha sido profesor de dirección y escritura de guión en diferentes países de Europa así como en Canada.

Vegetarian films ha producido en estos años 5 largometrajes .“Alma de Sant Pere” es su último trabajo, rodado en Barcelona.

Actualmente es jefe del departamento de contenidos dramáticos en la Finnish National Broadcasting Company YLE, la televisión pública de Finlandia.
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Jarmo Lampela y Vegetarian Films muestran en sus trabajos una sensibilidad especial por las historias y los personajes con un perfil “social”. Cercanos a la realidad que les rodea. Una realidad que condiciona sus vidas, muchas veces de forma implacable, y que actúa como revulsivo aflorando un espíritu de lucha que transmite un mensaje de conciencia y esperanza. Somos actores de nuestra propia existencia.

Este es el caso de “Alma de Sant Pere”, que gira en torno a dos ejes principales: la brutalidad  de un sistema que pone en el mercado de la especulación un derecho fundamental como es el de la vivienda, anteponiendo el beneficio económico a la dignidad de las personas y la capacidad del ser humano de reflexionar y de elegir los valores que nos hacen avanzar más allá de un beneficio propio: el beneficio común